¿Tu edad mental coincide con tu edad corporal?

A veces envejecer no está relacionado directamente con la edad que tienes, sino con otros aspectos de tu vida como la salud, la mentalidad, los sueños, entre otros.

¿Tu edad mental coincide con tu edad corporal?

Un Recreo publica esta reflexión de un hombre de 30 años que busca aterrizar a aquellas personas que a pesar de tener pocos años sienten que están más viejas que el propio documento de identidad.

«Desde los 15 años empecé a envejecer más de la cuenta, bueno, que yo recuerde. Me refiero a que empecé a sentir los achaques de alguien mayor: mi colon no funcionaba bien, no lograba controlar mi peso, tenía una tos permanente y no me sentía joven.

Es curioso cómo un adolescente puede sentirse de la edad de sus abuelos. Con el correr de los años aparecieron otras dolencias, la mayoría de ellas mentales, como estar convencido de que mi memoria era pésima en todos los sentidos y que en poco tiempo sufriría de alzhéimer. Quizá algo hipocondríaco y paranoico me aseguraba a mí mismo que las canas llegarían a los 20 y que el pelo se me caería antes de cumplir 30.

Mi pensamiento se fijaba constantemente en el asunto de la edad y la salud, lo cual automáticamente se veía reflejado en mi comportamiento, mentalidad, y capacidad de soñar y trazarme metas.

¿Cuándo decidí pasar la página y escribir un nuevo «yo» acorde a mi edad?, al cumplir los 30 años. Quizá la poca madurez alcanzada para ese entonces me hizo ver que aquellos achaques que me hacían sentir viejo eran totalmente responsabilidad mía y que estaba a tiempo de eliminarlos de mi vida para empezar a sentirme joven y acorde a mi edad.

Entonces descubrí tres aspectos que debes seguir para evitar sensaciones negativas de ti mismo y vivir la vida plenamente siendo coherente con tu edad:


1. Si tienes alguna enfermedad, pon de tu parte para estar mejor, ¡en serio!

Desde los 15 supe que sufría del colon, en consulta con el médico conocí las recomendaciones para cuidar ese «colon irritable», desde evitar al máximo el estrés hasta hacer ejercicio diario y no consumir alimentos que me hicieran daño como la lechuga o la Coca Cola. ¿Qué hice durante 15 años? Poco ejercicio, tuve histerias constantes e hice cero dieta; la Coca Cola era mi bebida preferida y la lechuga con pollo un bocado celestial. ¿Qué conseguí con hacerme el ciego ante mi afección? Sentirme peor y no mejorar. Creo que ahora entiendes a qué me refiero.


2. Controlar tu peso no es cuestión de vanidad.

Los estereotipos de belleza no deben ser la principal motivación para controlar tu peso, tu principal aliciente debe ser la salud misma. Durante gran parte de mi vida sufrí por ser el niño tierno del colegio, la universidad, la casa y todo grupo social del que hiciera parte, pues mis mejillas regordetas y ojos expresivos era lo primero que veían; hacía dietas fallidas y me mataba la cabeza todas las mañanas pensando en que debía salir a trotar, y cuando lo hacía me sentía obligado, cansado y desanimado, así que resultaba comiendo sin pensar y dejando de lado el ejercicio sin importar mi apariencia, «si me quieren, me quieren tal y como soy» solía decirme a mí mismo.

Observa cómo influye la motivación, jamás centré mi atención en lo realmente importante, ¡mi salud!, sino en qué dirían los demás de mi apariencia, por eso nunca tuve éxito. Si te ejercitas, todo en tu cuerpo empieza a andar como un reloj, cualquier dolencia que sufras va a controlarse e incluso a desaparecer; si eso no te motiva, nada lo hará.


3. Para tener buena memoria, ¡debes ejercitarla!

Así como tu cuerpo necesita oxigenarse con el ejercicio, tu mente igual. Me quejé por años de mi pésima memoria, en cada examen escolar debía aprenderme como un loro las lecciones, presentaba las pruebas, me iba «bien», pero a las pocas horas ya no había nada en mi cabeza, una típica memoria de corto plazo.

Entonces entendí que para lograr retener información, debía llevar a mi cerebro al gimnasio. Tal como dedico 1 hora de mi día a la actividad física, así mismo destino mínimo un tiempo igual para leer de todo un poco: libros que me gustan y otros que no tanto, el diario y también las revistas. En un abrir y cerrar de ojos mi memoria se fortaleció y empecé a retener bastante información, así que eso del alzhéimer prematuro sólo eran parte de mis inventos y mi indisciplina.


Si pones de tu parte te aseguro que dejarás de ser ese anciano o anciana que realmente no eres; y podrás trazar las metas que siempre has querido alcanzar pero que tu edad mental jamás te ha permitido conseguir".


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